Mi intensión era realizar una construcción con los tabiques que se encontraban apilados en mi azotea.
El tabique, representa para mí el material donde se lleva a cabo la génesis de la construcción urbana, principalmente en zonas de clase media-baja y baja, como en el centro de Iztapalapa. La mayoría de las casas en estas zonas, carecen de recubrimiento en sus fachadas, dejando al descubierto el material progenitor de la construcción; esto genera a su vez, un paisaje urbano con características estéticas muy peculiares.
El hecho de guardar el tabique para futuras modificaciones, y las varillas con tramos extra para nuevos cimientos, nos evoca hacia un futuro incierto, hacia una construcción en espera o provisional.
Decidí que la construcción que quería realizar, tenía que interactuar con el Sol, lo cual me llevó a pensar en una especie de observatorio. Mi intensión era elevar un pequeño basamento, el cual contendría huecos a través de los cuales se pudiera visualizar al Sol en el amanecer y en su puesta; haciendo una analogía con el ritual del Fuego Nuevo.
Al realizar pruebas con diferentes estructuras, decidí que tenía que mover los tabiques hacia la superficie más alta de mi casa, donde ningún edificio o casa me estorbase para las tomas del Sol y donde se encuentra la base de concreto para un tinaco, todavía desocupada.
Aventé los tabiques hacia arriba, aproveché para hacer más espacio abajo. Al subir a la parte superior, descubrí un montículo de tabiques formado de manera azarosa y decidí tomar registro de él.
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